Sunday, June 19, 2016

Reino Unido: to Brexit or not to Brexit? Dossier - Alejandro Nadal, Irvine Welsh, Yanis Varoufakis | Sin Permiso

Reino Unido: to Brexit or not to Brexit? Dossier - Alejandro Nadal, Irvine Welsh, Yanis Varoufakis | Sin Permiso





Yanis Varoufakis
El diario británico The Guardian solicitó recientemente a diversos autores europeos – la italiana Elena Ferrante, el español Javier Marías, la irlandesa Anne Enright, el holandés Cees Nooteboom y el sueco Jonas Jonasson, entre otros - que escribieran una carta a Gran Bretaña arguyendo las razones por las que el Reino Unido debería permanecer en la UE. La invitación también se extendió a Yanis Varoufakis, que muestra sus particulares motivos.     
El año pasado intenté convencer, y fracasé, a los capitostes de la UE de que se comportaran de un modo humano con un país, el mío, que tanto llevaba sufriendo. Hoy te escribo con un ruego extraño: que te quedes en esta misma UE; sí, en la que aplastó nuestra primavera de Atenas y ha mantenido un comportamiento abominable desde entonces.  
Algunos aplicarán la lógica propia de los tabloides para explicar mi súplica (“Varoufakis quiere que el Reino Unido se quede para que pague el rescate de Grecia”). Otros me acusarán de abandonar la lucha por recobrar la democracia. Pero confío en que tu capacidad a lo Monty Python de apreciar la paradoja se abra paso por entre la aparente contradicción.  
La razón por la que quiero que te quedes es porque votar para irte no te dejará “fuera”. En lugar de escapar de la EU, el Brexit te mantendrá atada a una Europa más desagradable, triste y cada vez más peligrosa para sí misma, y ciertamente para el resto del planeta.
Los amos de la City nunca le permitirán a un nuevo gobierno de Boris Johnson pensar siquiera en abandonar el Mercado Único, no obstante las cavilaciones de Michael Gove. Lo que significa que todos los artilugios que se venden en tus tiendas tendrán que ceñirse a las normativas elaboradas en Bruselas, y tu reglamentación de protección ambiental se decidirá (sí, lo has adivinado) en Bruselas.     
De manera que, después incluso del Brexit, la mayoría de tus leyes seguirán redactándose en los mismos pasillo sombríos igual que ahora, salvo que no tendrás voz en su configuración. Con tu democracia igual de truncada que está ahora, seguirás atascada, si bien con menos poder, en una Europa cuya fragmentación acelerará el Brexit.
La EU es sin duda burocrática, opaca y desdeñosa del parlamentarismo que tú y yo estimamos. Puedes llegar, por tanto, a la conclusión de que acelerar la fragmentación de la UE no es tan mala idea. ¡Piénsatelo otra vez! ¿Hará su desintegración que se levanten los demócratas progresistas de toda Europa, fortalezcan sus respectivos parlamentos, abran paso a las fuerzas de la luz y la esperanza y fomenten una armoniosa cooperación en el continente? No es probable.
La fragmentación de la UE dividirá el continente por lo menos en dos partes, y la principal línea de falla discurrirá a lo largo del Rín y a través de los Alpes. En el noroeste dominará la deflación, con millones de trabajadores pobres alemanes, polacos y demás que se quedarán sin empleo. En la parte latina, la inflación y el desempleo estarán a la orden del día. De esta línea de falla sólo saldrán reptando  monstruos políticos, que extenderán por todas partes la misantropía xenófoba y garantizarán, mediante devaluaciones competitivas, que te veas arrastrada al consiguiente torbellino.    
Por esta razón es por lo que te ruego que te quedes en nuestra terrible UE. Los demócratas de Europa te necesitan. Y tú nos necesitas a nosotros. Juntos tenemos la oportunidad de hacer que reviva la soberanía democrática a lo largo y ancho de Europa. No será fácil. Pero vale la pena intentarlo.
Cuando yo era estudiante, tenía un buen amigo que odiaba las fiestas y, sin embargo, no se perdía una, por eso de tener algo de lo que despotricar al día siguiente. No hagáis, por favor, como él. Quedaos en la UE, por favor, con entusiasmo por nuestra causa común: tomar las armas contra un piélago de calamidades y haciéndoles frente, acabar con ellas [1].  
Nota del t.: La última línea es una cita del celebérrimo monólogo de Hamlet, “To be, or not to be”.
The Guardian, 4 de junio de 2016 

Brexit: el voto histórico
Alejandro Nadal
El 23 de junio los pueblos del Reino Unido votarán sobre una de las disyuntivas de mayor importancia en su historia reciente: ¿debe o no el Reino Unido permanecer en la Unión Europea? El debate se ha polarizado y las implicaciones político-económicas de esta decisión van más allá de las fronteras europeas.
Las encuestas indican que la opinión en favor de una salida o Brexit, como se le ha ido llamando al combinar las palabras Britain yexit ha ido ganando terreno. Las empresas encuestadoras fallaron en sus pronósticos el año pasado sobre las elecciones en el Reino Unido (UK, por sus siglas en inglés), pero hoy la tendencia en favor de la Brexit es un hecho contundente. La repulsión a permanecer en la UE se fortalecerá seguramente por la publicación este lunes en The Sun, el tabloide londinense de mayor circulación, de un espectacular llamado a votar por la Brexit.
¿Cuál será el efecto de una decisión en favor de la Brexit sobre el estancamiento y la prolongada crisis que hoy sufre la economía europea y el propio Reino Unido? Dicha crisis en Europa se ha agravado por la aplicación de una política macroeconómica que se apoya en la austeridad fiscal, más reformas estructurales neoliberales y una inyección de liquidez que no puede transformarse en crédito para la producción y el consumo. El impacto de la Brexit es incierto, pero muchos indicadores apuntan en la dirección de una mayor desestabilización para la economía europea. Ciertamente la decisión de abandonar la Unión Europea será un golpe a la ya muy discutida credibilidad de la Comisión en Bruselas y a las medidas promovidas activamente por Alemania.
Más allá de estos aspectos políticos están los datos duros sobre la crisis bancaria en Europa. La integración financiera entre los mercados europeos y lo que acontece en la City londinense es estrecha y serían muchas las repercusiones de una eventual salida. La espina dorsal del sistema bancario descansa en la capacidad de los bancos para acceder a mercados profundos con fácil acceso a una mayor liquidez. Hoy el flujo de préstamos interbancarios en Europa sigue estando perturbado por la fuerte desconfianza sobre el estado real de sus hojas de balance. Muchos bancos italianos y españoles, por ejemplo, se mantienen en una situación de gran fragilidad, para decirlo en términos diplomáticos, y sus esfuerzos para obtener fondos y apuntalar su estructura no están dando buenos resultados.La Brexit tendría el efecto de agravar esta desconfianza porque aumentará la incertidumbre mientras se rescribe el régimen regulatorio sobre transacciones con el Reino Unido.
En la actualidad se discute el sistema europeo unificado de pagos (SEPA, por sus siglas en inglés). El SEPA propone armonizar y estandarizar operaciones de bancos y cámaras de compensación para todos los países de la UE. La Comisión en Bruselas señala que tendría enormes beneficios (unos 227 mil millones de euros) en términos de acceso a líneas de crédito y mayor liquidez. Una salida de la UE podría excluir a los bancos ingleses de la fiesta y añadir desventajas a las operaciones en libras esterlinas en el mediano plazo.
Por el lado de los flujos comerciales, la Brexit también tendría efectos importantes. El resto de la Unión Europea mantiene un saldo positivo en labalanza comercial con el Reino Unido de 100 mil millones de euros. Si el pronóstico de muchos analistas sobre la reducción de la tasa de crecimiento en el Reino Unido se cumple, las exportaciones de la UE tenderán a disminuir, lo que no implica nada bueno para las economías de Europa continental.
Los que impulsan la Brexit argumentan que las aportaciones del Reino Unido al presupuesto de la Unión Europea es un dispendio absurdo que sólo sirve para alimentar a la euro-burocracia. La aportación asciende a 14 mil millones de euros, pero el Reino Unido recibe de Bruselas unos 7 mil millones de euros en forma de subsidios agrícolas y para desarrollo regional. La brecha en el presupuesto europeo tendrá que llenarse con un aumento de las aportaciones de Alemania principalmente. El ahorro para el Reino Unido es una parte marginal de su PIB. Además, la salida de la UE acarrearía costos importantes para la economía del Reino Unido porque muchos planes de inversión podrían ser reconsiderados.
Este tema de los flujos de inversión no puede ser ignorado. En la actualidad el Reino Unido recibe unos 23 mil millones de euros anuales de inversión extranjera directa. Pero muchas encuestas sobre grupos corporativos revelan que 72 por ciento de los inversionistas europeos acuden al Reino Unido precisamente porque tiene acceso al mercado de la UE. De romperse este vínculo, los inversionistas podrían desviar sus capitales hacia otros destinos.
La Brexit cerraría la puerta a una participación eficaz en favor de reformas al sistema de integración europeo. En el corto plazo fortalecerá las tendencias del populismo de derecha que ya representan una amenaza a la estabilidad en Europa y en el mundo entero, incluidos los desplantes de Trump en Estados Unidos.
Votemos lo que votemos, el referéndum sobre la UE lo ganarán las élites
Irvine Welsh
La exultación por los referéndums es uno de los indicadores de que hemos perdido la confianza no solo en los políticos sino también en las capacidades democráticas de nuestro sistema político. Es un reconocimiento de que en esta época de élites y poder de las grandes empresas, estas se han corrompido fatalmente.     
Los referéndums parecen ahora el mecanismo que los estamentos del poder despliegan para persuadir a la opinión pública a fin de que den su visto bueno a su línea preferida. Pero rara vez tienen las consecuencias planeadas. El voto acerca de la independencia de Escocia de 2014 se contemplaba como un triunfo aplastante 70 a 30, que daría al traste con la independencia. Por el contrario, se ha solidificado como relato convincente de la política escocesa y ha destruido al Partido Laborista al norte de la frontera.
A la clase política el referéndum sobre la UE se la pone durísima, gozando con que, en estos volátiles tiempos nuestros, pudiera partir precisamente el Partido Conservador. A los intolerantes también les encanta: pueden satisfacer sus fantasías imperialistas de “Rule Britannia” en una fiesta del odio propia de pan y circo.
Para el ciudadano sensible, sin embargo, este particular referéndum es algo con lo que resulta difícil enardecerse. Hay más votantes que contemplan las disputas de ambas partes y las ven como una batalla de élites, y se dan cuenta de que se juegan, como dirían los norteamericanos, muy poca piel en el empeño.
Cameron y Osborne contra Johnson y Gove es algo que le tienta a uno a relajarse y disfrutar de la visión de estos furiosos señoritos cínicos tirándose al cuello los unos de los otros. La lista de trajeados que bordonean sobre “empresa”, “comercio” y “regulación” da a entender que la argumentación es esencialmente neoliberal: ¿nos ofrece la UE o un Reino Unido independiente mejores oportunidades de sangrar a nuestros ciudadanos?
Una de las razones por las que se ha atascado la integración europea es que la UE ha adoptado este modelo neoliberal de globalización, arrinconando los más elevados ideales de una Europa Unida. Estos se sacan a relucir con poca energía en la retórica a regañadientes de las empresas que no pagan impuestos cuando celebran su fiesta de Navidad en un orfanato, y apenas los entienden sus supuestos defensores. Con Alemania postulada como nación acreedora en este modelo, es inevitable que sus intereses difieran de los deudores, como el Reino Unido y Grecia. Como la integración trastabillea, estamos atascados en una UE dirigida por una Comisión no elegida, más que por un Parlamento, anatema para los demócratas.
En contra de esto, las voces estentóreas en favor de marcharse están todavía más a la derecha que sus oponentes. También ellos destruirían las pocas protecciones de las que todavía disfrutan los ciudadanos, sólo que con más rapidez. Sea lo que quiera que pase con la economía en caso de abandono [de la UE] (como en el caso de la independencia escocesa, las afirmaciones de ambas partes van de lo fantasioso a lo ridículo), el Reino Unido seguiría siendo nación deudora, sólo que iría a partir de ahora a China, en lugar de a Alemania, para negociar sus condiciones. Boris Johnson, que se ubica a sí mismo como un Trump Estiralibras, estaría bien aconsejado en dar un salto a través del Atlántico y preguntar de verdad cómo se está resolviendo exactamente eso en el caso de Norteamérica.
Para cada acreedor ha de haber un deudor. Quizás, en lugar de considerar la sabiduría o no de una salida de Europa, más nos valdría debatir por qué se ha designado al Reino Unido como nación deudora en este orden económico global. El problema es que el  neoliberalismo ha jugado su mano de financiarización y privatización. Y puesto que un capitalismo en declive ya no es capaz de ofrecer altos niveles sostenidos de crecimiento económico, las élites y sus prácticas de cambiar activos por deuda han quedado más aisladas y al descubierto como lo que son: instrumentos para explotar a sus ciudadanos, reduciéndolos a la servidumbre en ese proceso. 
El panorama general es éste: en lo que toca al Reino Unido, en noviembre de 2015 la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (ORP) preveía un crecimiento del PIB del 2.4% para 2016, y 2.5% para 2017. El Banco de Inglaterra le echó un vistazo a estas cifras y dijo que no, que sería un 2,2% y un 2,3% respectivamente. Luego, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) metió baza, estimando que quizás sería más seguro hablar de algo más cerca del 2.1%  y el 2%. Estas cifras las ratificó la ORB en el último presupuesto. Hoy el consenso entre los economistas, tanto a medio como a largo plazo, es que el crecimiento va a ser menor que el de esos pronósticos y que probablemente se oriente a un 1%.
Además, para sostener incluso este nivel de estancamiento, un informe de la OCDE de 2014 llegó a la conclusión de que la UE requeriría 50 millones de inmigrantes para el año2050. Al Reino Unido, con una población que envejece, le haría falta absorber una buena porción de ese total. En lugar de tratar de venderle este dato a la Inglaterra profunda, el bando a favor de quedarse y la coalición derechista del Brexit conspiran, como era de esperar, para ignorarlo.
La integración europea, pese a sus evocaciones visionarias, ha tenido siempre raíces elitistas. La UE nació de la Comunidad del Carbón y el Acero franco-alemana, dominada por Alemania, y su industria se reconstruyó en buena medida con dinero norteamericano. Al reconocer que perdió la guerra, pero ganó decisivamente la paz, la estrafalaria Política Agrícola Común fue su concesión a los intereses agrícolas de Francia.
Por supuesto, el otro lado más idealista de Europa se evoca con desesperado cinismo por parte de los políticos neoliberales partidarios de quedarse. Y este lado, que ya es para reírse, tiene que ver con nuestros “derechos”, aun cuando andan negociando con los EE.UU. para instituir el TTIP y transferírselo a las multinacionales (ya podemos estar seguros: ¡de esto no habrá ningún referéndum en un próximo futuro!) Sí, los mismos derechos por los que los gobiernos imperialistas del Reino Unido han demostrado no tener el más mínimo interés en los últimos treinta años.
Este sinsentido ilustra cómo, en la era del neoliberalismo, esa ideología ha cooptado a todas las instituciones principales. Tras la debacle de Grecia, es difícil no ver  a la UE como un flanco turbio del FMI y el Banco Mundial. Pero el gobierno británico, privado de los consensos de postguerra, es hoy una colcha de retales de rancias élites, y concederles un dominio aún mayor sobre nuestras vidas resulta como poco imprudente. El sufrimiento de los 3.000 niños refugiados [contra cuya admisión en Gran Bretaña votaron los conservadores en el Parlamento] testimonia su desprecio por “los de fuera”, mientras que Hillsborough [el desastre en el que murieron 96 personas por la incompetencia policial en un estadio de fútbol de Sheffield el 15 de abril de 1991 ] nos recuerda que cuando nuestro establishment conspira en contra de sus propios ciudadanos, los burócratas de Bruselas ni se acercan a la hora de igualar su toxicidad.  
El referéndum sobre la UE es una disputa interna entre privilegiados que utilizan su oratoria demagógica como una manera de convencer a los demás de que se juegan algo en este patético juego. El insidioso lenguaje racista en clave (de antisemitismo e islamofobia) se encona en sectores del Partido Laborista y, en lo más alto del Partido Conservador, sin duda ha subido un escalón mediante su incubación en el invernadero xenófobo de la campaña por la salida de la UE.
Una garantía de hierro en nuestra era polarizadora es que este chovinismo tan poco edificante no va a hacer otra cosa que volverse más desagradable. La otra certeza es que, elijamos el rojo o el negro en ese sórdido casino que se desmorona del neoliberalismo, y sea lo que sea aquello a lo que instan los babosos croupiers de los principales medios de comunicación, la casa es la que invariablemente gana.
The Guardian, 30 de mayo de 2016

exministro de finanzas del gobierno griego de Syriza, es Profesor de política económica en la Universidad de Atenas. Su libro El Minotauro Global fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada.
Economista. Miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.
(1958), notable escritor escocés de ficción, conocidísimo por obras como Trainspotting y su célebre adaptación cinematográfica. La mayoría de sus novelas (Escoria, Cola, Porno, Secretos de alcoba de los grandes chefs, Crimen, Skagboys) y libros de relatos (Acid House, Extasis: tres relatos de amor químico) han sido publicados en castellano por la editorial barcelonesa Anagrama.
Fuente:

Varias

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