Wednesday, December 12, 2018

Noam Chomsky | Entrevista

Noam Chomsky | Entrevista | Neoliberalismo | El Viejo Topo





Incluimos aquí un fragmento de una conversación sostenida entre Chomsky y Lydon, extraída de Comments Off on Destroying Democracy, en la que el veterano activista vincula la laminación de los valores democráticos con la caída de la tasa de beneficios y la solución dada por los poderes políticos y económicos a esa caída: el neoliberalismo.

 Todo lo que te pedimos es que nos expliques dónde estamos en este mundo, cuando…
—Eso es fácil.
 …cuando tanta gente está al borde de algo, de algo histórico. ¿Puede hacernos un sumario?
—Bueno, un breve sumario, creo que si se le echa un vistazo a la historia después de la Segunda Guerra Mundial, algo extraordinario ha sucedido. En primer lugar, la inteligencia humana ha creado dos bombas capaces de acabar con nuestra existencia –o como mínimo con nuestra existencia organizada–, ambas después de la Segunda Guerra Mundial. Una de ellas nos es familiar. De hecho, las dos lo son. La Segunda Guerra Mundial terminó con el uso de las armas nucleares. Fue inmediatamente obvio el 6 de agosto de 1945, un día que recuerdo muy bien. Fue obvio que la tecnología se iba a desarrollar hasta el punto de un definitivo desastre.

En 1945, el Bulletin of Atomic Scientists inauguró su famoso Reloj del Apocalipsis. Se puso en marcha cuando faltaban siete minutos para la medianoche. En 1953 ya se había movido dos minutos hacia la medianoche. Ese fue el año en que los Estados Unidos y la Unión Soviética hicieron explotar sus bombas de hidrógeno. Pero resulta que ahora comprendemos que al término de la Segunda Guerra Mundial entramos en una nueva era geológica. La llamamos Antropoceno, la era en que los humanos producen un impacto severo, de hecho casi desastroso, sobre el medio ambiente. El reloj volvió a cambiar en 2015 y, de nuevo, en 2016. Inmediatamente después de la elección de Trump, a finales de enero del año pasado, el reloj se volvió a adelantar, faltando solo dos minutos y medio para la medianoche, lo más cerca que ha estado desde 1954. Así que hay dos amenazas existenciales –que pueden, en el caso de que haya una guerra nuclear, exterminarnos; y, en el caso de catástrofe medioambiental, crear un impacto severo sobre nuestra forma de vida– y quizás más.

Ocurrió un tercer acontecimiento. Empezando alrededor de los años setenta, la inteligencia humana se dedicó a eliminar, o por lo menos a debilitar, a las principales barreras contra estas amenazas. Lo llaman neoliberalismo. Hubo una transición en la época que algunos denominaron estado de bienestar, los cincuenta y los sesenta, con un gran periodo de crecimiento, de crecimiento igualitario, progreso en la justicia social y así…

La socialdemocracia…
La social democracia, sí. A veces se le llama “la edad de oro del capitalismo moderno”. Esto cambió en los setenta, cuando se estableció la era del neoliberalismo en la que vivimos desde entonces. Si te preguntas qué clase de era es, pues su principio fundamental es desactivar los mecanismos de solidaridad social y soporte mutuo, y el compromiso popular en la determinación de las políticas.
No se llama así. Se le llama “libertad”, pero “libertad” implica subordinación a las decisiones de un poder concentrado, no responsable, privado. Eso es lo que significa. Las instituciones gubernamentales –u otros tipos de asociaciones que posibilitan la participación de la gente en la toma de decisiones– son sistemáticamente debilitadas. Margaret Thatcher lo dijo muy educadamente: “la sociedad no existe, solo existen individuos”.

De hecho, estaba parafraseando, seguramente de forma inconsciente, a Marx quien, en su condena de la represión en Francia, dijo “la represión está transformando a la sociedad en un saco de patatas, solo individuos, una masa amorfa que no puede actuar conjuntamente”. Era una condena. Para Thatcher, es un ideal –y eso es el neoliberalismo. Destruimos, o como mínimo desacreditamos los mecanismos de gobierno a través de los cuales la gente, al menos en principio, puede participar en la medida en que esa sociedad sea democrática. Así que debilitadlos, desacreditad a los sindicatos, a otras formas de asociaciones, dejadlos como un saco de patatas y, mientras tanto, transferid la toma de decisiones a poderes privados y no responsables; todo con la retórica de la libertad.
Noam Chomsky
¿Qué conlleva esto? La única barrera que nos protege de estas destructivas amenazas es una sociedad comprometida, una sociedad informada y comprometida que actúe conjuntamente para desarrollar los medios que permitan hacer frente a estas amenazas y responder a ellas. Esta ha sido sistemáticamente debilitada, deliberadamente. Quiero decir, en los setenta hablábamos de esto. Hubo un gran debate entre la élite sobre el peligro de que hubiera demasiada democracia y la necesidad de lo que llamaron “moderación” en la democracia, para que la gente fuera más pasiva y apática, para que no moleste demasiado; eso es lo que hacen los programas neoliberales. Lo mezclas todo y ¿qué sale? Una tormenta perfecta.

Todo el mundo ve los titulares, con el Brexit, Donald Trump y el nacionalismo hindú y el nacionalismo en todas partes y Le Pen; se ponen más o menos juntos y sugieren un fenómeno mundial real.
—Está claro y era predecible. No se puede saber en qué momento pero, cuando se imponen políticas socioeconómicas que conducen al estancamiento o al declive para la mayoría de la población, a deslegitimar la democracia, a que las decisiones políticas no estén en manos del pueblo, el resultado es gente descontenta, enfurecida y atemorizada. Y este es el fenómeno que, de forma engañosa, se conoce como “populismo”.

—No sé qué piensas de Pankaj Mishra pero a mí me gusta su libro “La edad de la ira”, que empieza con una carta anónima a un periódico de alguien que dice “Deberíamos admitir que no solo estamos aterrorizados sino que también estamos desconcertados. Desde el triunfo de los vándalos en Roma y el norte de África, nada ha sido tan incomprensible y difícil de revertir”.
—Ahí está el fallo del sistema informativo, porque es muy comprensible y muy obvio y muy simple. Fíjate, por ejemplo, en los Estados Unidos, que ha sufrido mucho menos por estas políticas que otros países. Toma el año 2007, un año crucial justo antes del derrumbe. ¿Cómo era aquella magnífica economía que era tan elogiada en aquél momento? Era una en la que los salarios de los trabajadores americanos, de hecho, eran más bajos que en 1979, cuando empezó el periodo neoliberal.
Este hecho no tiene precedentes históricos, exceptuando situaciones tras catástrofes, guerras o cosas parecidas. Fue un periodo largo en el que los salarios reales habían decrecido, aunque se amasaron riquezas en algunos bolsillos. También fue una época en la que se crearon nuevas instituciones, instituciones financieras. Si nos fijamos en los años cincuenta y sesenta –la llamada época dorada– los bancos estaban conectados con la economía real. Esa era su función. No había caídas en la banca porque había regulaciones de los mercados financieros.

A principios de los años setenta hubo un cambio drástico. En primer lugar, las entidades financieras se inflaron a gran escala. En 2007 obtuvieron un 40% de beneficios. Por lo tanto, dejaron de estar conectadas a la economía real.
En Europa, la forma en que se desacredita a la democracia es muy directa. Las decisiones están en las manos de una troika que no ha sido elegida: la Comisión Europea, que no se vota; el FMI, por supuesto no votado; y el Banco Central Europeo. Ellos son los que toman las decisiones. Así que la gente está enfadada, está perdiendo el control de sus vidas. Ellos son los que sufren las consecuencias de las políticas económicas, y el resultado es ira, desilusión, descontento, etcétera.

Hemos visto en las pasadas elecciones francesas que los dos candidatos eran ajenos al establishment. Los partidos centrales se han hundido. Lo vimos en las elecciones americanas. Dos candidatos fueron capaces de movilizar a las masas: uno de ellos era un multimillonario odiado por el sistema, el candidato republicano que ganó las elecciones –pero fijaros en que una vez toma posesión es el antiguo sistema el que dirige el país. Puedes manifestarte en contra de Goldman Sachs durante el periodo de campaña, pero asegúrate de que se encarguen de la economía cuando seas presidente.

Así que la cuestión es, en un momento en que la gente está casi lista para actuar y casi lista para reconocer que este juego no funciona, ¿tenemos la capacidad, como especie, de actuar en consecuencia, de adentrarnos en ese estado de perplejidad y, más adelante, pasar a la acción?
—Pienso que el destino de nuestra especie depende de ello; recuerda, no es solo desigualdad, estancamiento, estamos ante un desastre terminal. Hemos creado la tormenta perfecta. Estos deberían ser los titulares de cada día. Desde la Segunda Guerra Mundial hemos creado dos medios de destrucción. Desde la era neoliberal hemos desmantelado la forma en que los manejamos. Esas son nuestras tenazas, eso es a lo que nos enfrentamos y, si no resolvemos ese problema, estamos acabados.

Quiero volver al libro de Pankaj Mishra “La edad de la ira” por un momento. No es la edad de la ira, es la edad del resentimiento contra las políticas socioeconómicas que han dañado a la mayor parte de la población durante las últimas generaciones que, conscientemente y como principio, han desvirtuado la participación democrática. ¿Por qué no debería haber ira?

—Pankaj Mishra lo llama –es una palabra nietzscheana– “resentimiento”, que hace referencia a un cierto tipo de ira explosiva. Pero él dice que “es la característica distintiva de un mundo en el que la promesa moderna de igualdad colisiona con una masiva disparidad de poder, educación, estatus, y….”
—Esto ha sido diseñado así. Mira los años setenta: en el panorama, el panorama de la élite, había una gran preocupación con el activismo de los años sesenta, un período tumultuoso. Hizo que el país se convirtiera en civilizado, lo que para ellos puede ser peligroso. Lo que pasó es que grandes sectores de la población –que habían sido pasivos, apáticos, obedientes– intentaron entrar en la escena política de una u otra forma para presentar sus intereses y preocupaciones. Los llaman de “especial interés”. Eso significa minorías: la gente joven, los ancianos, los agricultores, los obreros, las mujeres… En otras palabras: la población. La población es un “especial interés” y su función es observar en silencio; esto está claro.

A mediados de los setenta se publicaron dos documentos bastante importantes. Venían de lugares opuestos en el espectro político, ambos influyentes y ambos alcanzaron las mismas conclusiones. Uno de ellos, relativamente más a la izquierda, fue escrito por la Comisión Trilateral –los liberales internacionalistas, tres de los grandes países industrializados, la administración del presidente Carter, beben de esa fuente-. Es el más interesante, “La crisis de la democracia”, un informe de la Comisión Trilateral. Samuel Huntington, de Harvard, miraba con nostalgia los días en los que, como él dice, Truman era capaz de dirigir el país con la ayuda de unos cuantos ejecutivos y abogados de Wall Street; en ese momento todo estaba bien, la democracia era perfecta. Pero en los años sesenta todos concluyen que se complicaron las cosas porque los de “especial interés” empezaron a intentar entrar en la política y eso causa demasiada presión, que el estado no puede soportar.

—Recuerdo bien ese libro.
—Necesitamos moderar la democracia.

No solo eso, le dio la vuelta a la frase de Al Smith. Al Smith dijo que “la cura para la democracia es más democracia.” Huntington dijo, “no, la cura para esta democracia es menos democracia”.
—No fue él. Fue el régimen liberal, hablaba en su nombre. Es el punto de vista consensuado de los liberales internacionalistas y las tres grandes democracias industriales. Ellos –en su consenso– concluyeron que la mayor parte del problema es, en sus propias palabras, que “las instituciones son las responsables del adoctrinamiento de los jóvenes”. Las escuelas, las universidades, las iglesias, no están haciendo bien su trabajo. No están adoctrinando a los jóvenes adecuadamente. Los jóvenes tienen que volver a ser pasivos y obedientes, entonces se arreglará la democracia. Eso sería el lado izquierdo.

Pero, ¿qué hay en el lado derecho? Un documento muy influyente: “El memorando Powell”, que se publicó al mismo tiempo. Lewis Powell, un abogado de empresa y, más tarde, juez del Tribunal Supremo; escribió un memorando confidencial para la Cámara de Comercio de EEUU que fue muy influyente y que, más o menos, desencadenó el moderno “movimiento conservador”. La retórica es bastante disparatada. La visión general es que una izquierda alborotadora se ha apoderado de todo. Tenemos que utilizar los recursos de los que disponemos para vencer a esta izquierda desbocada que está dañando la libertad y la democracia.

Pero hay algo más. Como resultado del activismo de los años sesenta y la militancia laboral, hubo una caída de la tasa de beneficio. Esto no es aceptable, así que había que revertir esta caída, había que debilitar la participación democrática. ¿Qué llega? El neoliberalismo, que tiene exactamente esos efectos.

Entrevista realizada por Christopher Lydon y publicada en el nº 361 de El Viejo Topo, febrero de 2018

Tuesday, December 11, 2018

Santiago Auserón presentará su disco Vagamundo en La Habana ›

Santiago Auserón presentará su disco Vagamundo en La Habana › Cultura › Granma - Órgano oficial del PCC



El cantante y compositor español Santiago Auserón conocido como «Juan Perro» presentará su disco Vagamundo, este miércoles 12, a las 8:30 p.m., en la sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba, acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional que dirige el maestro Enrique Pérez Mesa.



SANTIAGO AUSERÓN ES SIN DUDA ALGUNA Y DESDE 1980, UNA DE LAS PERSONALIDADES DEL POP-ROCK ESPAÑOL CON MAYOR CARISMA (Foto: Ariel Cecilio Lemus)

Según una nota que ha circulado el Instituto Cubano de la Música (ICM) el concierto lo auspician el propio ICM y la Huella Sonora, sello discográfico del destacado artista quien desde hace años está vinculado a la Isla a través de investigaciones que ha realizado sobre nuestra música e impulsando la promoción de varias de nuestras figuras más importantes de la vieja trova y la música popular tradicional como son Compay Segundo (ya fallecido) y el tresero Francisco «Pancho» Amat, con los cuales ha trabajado en varios momentos de su vida.

En la presentación de Juan Perro colaboran además el Centro Nacional de Música de Concierto y Acción Cultural Española (AC/E), entidad que está impulsando un grupo de actividades con motivo de los 500 años de la fundación de La Habana en 2019 con el apoyo de la Embajada de España en Cuba, con el objetivo de crear y estrechar los lazos culturales entre ambos países.

A propósito de este intercambio, el Presidente de AC/E, Iban García del Blanco, señaló la importancia que tiene el hecho de que se realicen actividades que unan a los profesionales de los dos países. «En esta línea, dijo, el concierto de Santiago Auserón y la Sinfónica de La Habana es una magnífica oportunidad para tejer nuevas formas de colaboración».

Vagamundo, es el más reciente disco de Santiago Auserón, el cual muestra cómo desde mediados del siglo XX, la canción popular española ha venido integrando conscientemente influencias lejanas –especialmente la mezcla de tradiciones europeas y africanas proveniente del Nuevo Mundo– con la tradición lírica autóctona.

Sobre este volumen ha dicho su autor: «Tal es el significado de Vagamundo, deformación popular de «vagabundo» documentada en las letras del Siglo de Oro.

El castellano antiguo guarda resonancias que pueden ser compartidas en el universo contemporáneo, algunas se conservan en Cuba mejor que en España.

A partir de los brillantes arreglos de Amparo Edo, hemos desarrollado el proyecto con algunas de las más prestigiosas formaciones sinfónicas de la Península Ibérica.

Al iniciarse la celebración del V Centenario de la fundación de la Ciudad de La Habana, me toca ahora un privilegio y un reto de altura: presentar esta versión de mi repertorio con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba bajo la dirección del maestro Enrique Pérez Mesa, quienes forman un equipo de músicos clásicos de primer nivel internacional.

«Van para mi querida Isla estas coplas, echadas al viento con toda humildad».

(AUTOR: Ricardo Alonso Venereo)

http://www.granma.cu/cultura/2018-12-10/santiago-auseron-presentara-su-disco-vagamundo-en-la-habana-10-12-2018-10-12-56

Sunday, December 09, 2018

Francia: Los “chalecos amarillos”: ¿porqué y cómo comenzaron? Análisis y propuestas - Alain Bihr

Francia: Los “chalecos amarillos”: ¿porqué y cómo comenzaron? Análisis y propuestas - Alain Bihr | Sin Permiso



No es preciso recordar la amplitud de un movimiento sin igual por la sorpresa general que ha provocado su despliegue y que dilata su duración y radicalización; y que, al contrario su propia existencia y su transcurso implica plantearse algunas cuestiones teóricas y políticas.

Los reportajes periodísticos en caliente así como los testimonios de los militantes que tomaron parte en los bloqueos permiten señalar la heterogeneidad en términos de composición de clase que contrasta con su composición espacial.

Su composición multiclasista no deja lugar a dudas, en lo fundamental integrado por proletarios (obreros y empleados, asalariados o no), a los que se añaden miembros de las capas inferiores del marco (agentes de control, técnicos) o de la pequeña burguesía (esencialmente artesanos, a menudo autónomos, pero también campesinos e incluso intelectuales, por ejemplo, enfermeras liberales) e incluso elementos de pequeños empresarios. Podemos también destacar la presencia de mujeres y jubilados con mucha más importancia de la habitual en las movilizaciones.

Si esta heterogeneidad no ha dañado al movimiento, es que el conjunto comparte cierto número de  puntos comunes que han hecho posible su convergencia. Son las víctimas de las políticas austericidas llevadas a cabo por todos los gobiernos desde hace cuarenta años. Estas se han traducido para ellas en la degradación de sus condiciones de empleo, de trabajo y de remuneración; en la dificultad creciente para “reunir dos sueldos a final de mes”; en la angustia creciente respecto al mañana para sí y los suyos (sobre todo los hijos); en la degradación o incluso la desaparición  de los servicios públicos y equipamientos colectivos a los que apenas podían acceder; en el sentimiento de no sentirse ya representados (tomados en cuenta o consideración) por nadie (sobre todo las organizaciones sindicales, profesionales y políticas), salvo por algunos alcaldes (aunque estos tienen cada vez menos poder); por el sentimiento de estar abandonados y dejados a su albur y de estar francamente despreciados, por los gobernantes que solo tienen ojos, oídos y voz, para ¡”los primeros de la fila”!

Sin embargo estos “desposeídos” aun disponen de esta fuerza colectiva que es la solidaridad local, basada en los vínculos de parentesco y vecindad, hecha de conocimiento y reconocimiento recíprocos, y también de una “economía subterránea” de colaboración; de intercambio de servicios de donaciones recíprocas, que asegura, más allá de la supervivencia, la posibilidad de “ir tirando”, Sin eso, no se explicaría que hombres y mujeres hayan participado en las operaciones realizadas por los “chalecos amarillos”, en la frialdad de noviembre durante varios días, y más de diez en ciertos casos.

La segunda característica sociológica notable del movimiento es su localización en el área rural peri-urbana. Eso es porque a las categorías sociales antes citadas  cada ves se les expulsa más de los centros urbanos e incluso de las periferias urbanas más cercanas debido al aumento de precios de los alquileres y de las viviendas urbanas y a la expansión espacial de las ciudades (desarrollo rural-urbano). Por otra parte, en este espacio, la dependencia respecto al automóvil individual es máxima: se necesita al menos un automóvil por hogar, no solo para ir al trabajo, sino también para hacer las compras, llevar a los niños a la escuela y a las actividades complementarias, ir al médico, realizar las gestiones administrativas indispensables, participar en las actividades asociativas locales, etc., dada la concentración creciente de los equipamientos y los servicios, privados o públicos, en los centros de las periferias urbanas, por la ausencia o carencia de medios de transporte colectivo, por la preferencia concedida a la vivienda individual que favorece la dispersión del hábitat.

De ahí, el carácter obligatorio de los gastos en carburantes para estos hogares y en consecuencia, vista su precariedad presupuestaria, la extrema sensibilidad de estas personas respecto a su precio. Son sus aumentos continuos en el transcurso de los últimos meses, siguiendo el precio del petróleo en el mercado mundial y el anuncio de su próximo aumento ( el 1 de enero: 6,5 céntimos el litro de gasoil, 2,9 céntimos el litro de gasolina sin plomo de 95) derivado de la elevación del impuesto interior de consumo de productos energéticos (TICPE) que ha significado la ¡gota que colma el vaso! Tanto más que, dado que el gasoil ha estado durante mucho tiempo subvencionado respecto a otros carburantes, el parque de automóviles individuales supone aún hoy más del 60% de vehículos con motor diésel. De ahí la opción de sus formas de actuar (bloquear o filtrar la circulación de automóviles para sensibilizar a los conductores) y la elección del símbolo de convocatoria (el chaleco amarillo).

La composición sociológica del movimiento basta en esencia para explicar los límites originales en el terreno político e ideológico. Sus reivindicaciones inmediatas se han limitado a exigir una reducción del precios de los carburantes, sobre todo de los impuestos que configuran el 60% del precio. Pero esta dimensión anti fiscal no ha considerado más que una parte ínfima de la política fiscal del gobierno. Sin criticarla en su conjunto; sobre todo el aumento de la fiscalidad indirecta por encima de la directa, y en este contexto la fiscalidad sobre los ingresos del trabajo más que la de  los ingresos del capital, por lo tanto los ingresos mayores y de las grandes fortunas: así, la reducción del tipo del impuesto de sociedades (las empresas), el tipo fijo sobre los ingresos del capital, la supresión de los tipos superiores del impuesto sobre la renta (IRPP), la supresión del impuesto de solidaridad sobre los grandes patrimonios (IRF). Y los “chalecos amarillos” no desafiaron de inmediato el efecto de los ingresos fiscales (la vertiente de los gastos públicos) que aún beneficiaban al capital (veamos por ejemplo el crédito competitividad-empleo -CICE- de un total aproximado de 110.000 millones en cinco  años) en detrimento del trabajo (los recortes claros en la financiación de los servicios públicos y equipamientos colectivos, del que una parte constituye la porción socializada del salario). Pero parecidos límites no sorprendían a priori a partes de la población que no han tenido hasta hoy , en su mayoría, ninguna experiencia ni formación política y que por tanto era a menudo su primera movilización reivindicativa.
Fue argumentando con semejantes límites inmediatos como se han hecho oír diferentes voces para desacreditar el movimiento, o al menos, para arrojar sospechas sobre él. Dejemos el desprecio ordinario de los “primeros de la fila” por el “bajo pueblo”. Más sorprendentes e inquietantes han sido las voces provenientes de la izquierda o incluso de la extrema izquierda. El movimiento ha sido así calificado de poujadiste. En la segunda mitad de los 50, el poujadisme fue un movimiento compuesto por elementos de la pequeña burguesía (especialmente comerciante) y del pequeño capital amenazado por la penetración del gran capital (convertido en oligopolista) en ciertos sectores de la industria , del comercio y de los servicios, así como por el despliegue de instituciones características del compromiso fordista entre capital y trabajo asalariado (principalmente la Seguridad Social). En tanto que el movimiento actual está dominado por elementos del proletariado amenazados por el desmantelamiento continuo de las conquistas del compromiso fordista. Único punto común: el antifiscalismo; pero mientras que eso fue un elemento esencial para el movimiento poujadiste, el movimiento actual de los “chalecos amarillos”, lo ha superado, como veremos más adelante.
Nuestras “almas cándidas” de izquierda y de una parte de la extrema izquierda han acusado a este movimiento de haber sido arrastrado por la derecha dura y la extrema derecha. Tales acusaciones han sido difundidas basándose en la observación de objetivos, eslóganes o comportamientos sexistas y racistas en el seno de los colectivos de “chalecos amarillos”; de la presencia en los colectivos de símbolos o marcadores de la derecha o la extrema derecha nacionalista (la bandera tricolor, la Marsellesa); del apoyo inmediato obtenido por ellos, proveniente de los líderes de la extrema derecha o de la derecha extrema (Le Pen, Dupont-Aignan, Vauquiez) tendente a recuperarlo para sus propios fines y a la participación de militantes de la extrema derecha en alguno de sus colectivos.

Aunque en múltiples ocasiones los “chalecos amarillos” hayan declarado reivindicarse como “apolíticos” (ciertamente el apoliticismo es más bien de derecha), respondamos al menos a las acusaciones precedentes. Aparte de que los actos y expresiones racistas o sexistas han quedado en minoría en su seno, los “chalecos amarillos” no tienen por desgracia el monopolio del sexismo o del racismo. Desde este punto de vista, los militantes y organizaciones de izquierda y de extrema izquierda, tendrían que desembarazarse de su propia basura. Además, esperar que un movimiento popular espontaneo sea ideológicamente puro para apoyarlo e intervenir en él, es condenarse a la impotencia y poner el carro delante de los bueyes: exigir como punto de partida lo que solo puede ser un punto de llegada. Por otra parte, es discutible hacer de la bandera tricolor y la Marsellesa marcas solo de la derecha o extrema derecha nacionalista: podemos también recordar la herencia revolucionaria que conlleva, la única disponible de personas privadas de cualquier otra herencia revolucionaria. Finalmente, y sobre todo, no es tanto la presencia de elementos de la derecha y la extrema nacionalistas en el movimiento de los “chalecos amarillos” por lo que hay que alarmarse es por la ausencia de la izquierda y la extrema izquierda que sirva de contrapeso para expulsarlos del movimiento.

En su conjunto, estas organizaciones se han mantenido en efecto al margen de este movimiento, al menos en el primer momento. En el ámbito político, hemos asistido a un sostén de boquilla por parte del PS (aún no recuperado de su colapso del año pasado) y del PC (ocupado en su congreso), a un apoyo más claro por parte de la FI, del NPA o de AL (Alternativa libertaria) aunque sin llamar a una participación masiva al movimiento -excepción hecha de algunas individualidades (Ruffin,Besancenot, Poutou). En cuanto a las organizaciones sindicales, han presentado un gradiente de actitudes yendo de la indiferencia a la franca desconfianza englobando la hostilidad (el adorno anticuado como es habitual en la CFDT, cuyo secretario general habría visto en ello “una forma de totalitarismo”)- excepto algunas estructuras locales o federales (CGT metalurgia, Sud industria, SUD PTT, FO Transports) y, por supuesto, las de sus militantes o miembros que muy rápidamente, al contrario, tomaron la opción opuesta.

Las razones de tal actitud son múltiples. Han tomado en consideración las críticas precedentes del movimiento, emparejadas con la acusación de moverse en favor del patronato...del sector del transporte por carretera, que ha sostenido al movimiento por el hecho de emplear su reivindicación primordial, antes de retractarse rápidamente protestando contra los bloqueos de carreteras. Más profundamente, hay sin duda que incriminar la hostilidad de inicio respecto a los movimientos sociales espontáneos (el movimiento de los “chalecos amarillos” partió de una petición que circuló en las “redes sociales”) por parte de los estados mayores que tienen la costumbre de hacer desfilar sus tropas solo dónde y cuándo ellos deciden. Finalmente, hay que señalar su extemporaneidad respecto a toda esta parte de las capas populares en la que estas organizaciones no tienen (ya) ninguna implantación y que ha llegado a serle tan extraña e invisible como ésta resulta para el poder. Lo que dice mucho sobre su falta de anclaje en el “país real” y ha valido a estas pretendidas vanguardias encontrarse arrastradas por un movimiento popular, al menos en sus inicios.

Evidentemente, similar actitud es no solo un error sino una falta política grave. El movimiento de los “chalecos amarillos” es por supuesto complejo, compartido entre tendencias divergentes,  acrecido de probables contrarios. Su plataforma reivindicativa inicial era pobre y su horizonte político limitado (por no decir inexistente). Pero su potencial de lucha era y es enorme. Como ya lo ha probado la primera y la ampliación del segundo. Y esta es precisamente la misión de las organizaciones sindicales y políticas anticapitalistas de intervenir en su seno y en sus márgenes para ampliar y acelerar ese doble proceso y orientar al movimiento en un sentido globalmente favorable a los intereses de clase de sus miembros. Queda por determinar como.
Sobre todo no intervenir como donantes de lecciones y, aún menos, dando la impresión de querer recuperar el movimiento en favor de una organización cualquiera o de un programa político concreto. Defender, al contrario, la autonomía total del movimiento respecto al exterior y la democracia interna. Y contentarse con defender en su seno, un cierto número de propuestas entre las cuales dejo estas siguientes para la discusión.

En cuanto a las formas de organización. Promover la democracia asamblearia en los colectivos. Hacer de cada reunión un lugar de discusión y deliberación. Defender la autonomía de los colectivos locales aunque argumentando por la mayor coordinación posible entre los colectivos locales en términos de una base territorial definida por ellos. Mandatar estrictamente a los delegados para las coordinaciones en cuestión. No aceptar la institución de denominados representantes nacionales encargados de negociar con el gobierno. Pero buscar, tanto como sea posible, favorecer los lazos con las organizaciones y movimientos que se hayan declarado favorables al movimiento y que lo hayan apoyado, sin tentativas de instrumentalización de una u otro, empezando por aquellas (principalmente organizaciones sindicales y movimientos estudiantiles) que ya se han comprometido en acciones reivindicativas en su propio campo. Pues el potencial de descontento y de revuelta es inmenso en el conjunto del país, como lo probaron el sábado 1 de diciembre las escenas tumultuarias en París pero también en otros lugares (Marsella, Saint-Étienne, Le-Puy-en-Velay, Tours), que no han sido hechas por los “destructores” habituales.

Respecto al contenido reivindicativo. Proponer la elaboración de una plataformas reivindicativa que integre las reivindicaciones inmediatas aunque defendiendo la necesidad de ampliarlas y profundizarlas. A guisa de ejemplo:

-Reducción inmediata del precio de los carburantes mediante el TICPE, que constituye actualmente la cuarta fuente de ingresos fiscales del Estado (tras el TVA -IVA-, el IRPP -IRPF- y el IS). Institución de un precio administrado como forma de evitar deslizamientos de precios;
-Clara revalorización de los principales ingresos de los que viven las capas populares movilizadas: llevar el SMIC -SMIG- y las pensiones de jubilación al nivel del salario medio actual (en torno a 1700€); revalorización equivalente del conjunto de prestaciones sociales; llevar los minima sociales por encima del actual umbral de pobreza ( por ejemplo a los 1200€).
-Adopción y despliegue urgente de un plan de lucha contra la pobreza.
-Realojamiento de todos los SDF en las viviendas vacantes como ya autoriza la ley.
-Instaurar una limitación de alquileres. Lanzamiento de un programa plurianual de aislamiento del conjunto de viviendas, sociales o no, financiado con fondos públicos, comenzando por los ocupados por familias con precariedad energética.
-Reducción de la fiscalidad indirecta (por ejemplo, ampliación de la cesta de bienes y servicio sometidos a una TVA -IVA- reducido con imposición de un precio máximo, para evitar que los comerciantes se embolsen la diferencia).
-Reducción de la fiscalidad directa que grava el trabajo (por ejemplo, las tasas de la CSG). Aumento de la fiscalidad directa sobre el capital, las rentas elevadas y las grandes fortunas: restablecimiento de las franjas superiores del IRPP; aumento de los tipos impositivos de los ingresos de la propiedad bajo protección social; elevados impuestos sobre la parte de beneficios distribuidos en forma de dividendos; aumento de los tipos del IS; restablecimiento del ISF; supresión del CICE y del conjunto de nichos fiscales, cuyo total será orientado para financiar diferentes medidas ecológicas y sociales previamente enunciadas.
-Adopción de una moratoria sobre la deuda pública. Apertura de un procedimiento de auditoria de esta deuda para determinar su parte ilegítima que no será reembolsada.
-Elaboración de una cuaderno reivindicativo contra la degradación de los servicios públicos e, inversamente, para el refuerzo de dichos servicios, sobre todo en materia de transportes (reapertura de lineas locales de ferrocarril cerradas, gratuidad de los transportes colectivos), de salud (institución de un período de presencia obligatoria de jóvenes médicos en los desiertos médicos, reapertura de hospitales y servicios hospitalarios cerrados, dotándoles de medios suplementarios) y de educación (ningún cierre de aulas en la primaria, institución de una distancia mínima a recorrer por los  estudiantes de secundaria y puesta en funcionamiento de recogida escolar sistemática, de medios suplementarios para las actividades extraescolares.
-Supresión del conjunto de medidas destinadas al desmantelamiento de la protección social: supresión de las medidas de copago de medicinas; plan de urgencia para dotar a los hospitales públicos de medios suplementarios y abandono de toda subvención a las clínicas privadas; instauración de un derecho a la jubilación para todos después de 30 años de actividad basado en el 75% del mejor ingreso bruto limitado a dos veces el SMIC

En cuanto a las formas de acción. Sin abandonar las operaciones de bloqueo o de filtración de la circulación automóvil a las entradas de las ciudades (para discutir con los conductores, incitarlos a juntarse al movimiento, hacerles conocer las reivindicaciones) adoptar formas de acción adaptadas a las anteriores reivindicaciones (por ejemplo, bloqueo u ocupación de los servicios públicos para apoyar las reivindicaciones del personal de esos servicios e informar a los usuarios de tales reivindicaciones; incidencia en los alcaldes, los consejos departamentales y regionales, las permanencias de los diputados y senadores para obligarlos a reforzar las anteriores reivindicaciones.

Pero, sobre todo, me parece necesario privilegiar las actuaciones descentralizadas pero coordinadas en las provincias más que las acciones centralizadas en París: para permitir al máximo de personas implicarse; para permitir a los colectivos locales dominar sus decisiones y su calendario; para paralizar progresivamente el país; para agotar al gobierno y sus “fuerzas del orden” obligándoles a multiplicar sus puntos de intervención y su desplazamiento.

Más allá de las propuestas precedentes, que pueden y han de ser debatidas colectivamente en el seno del movimiento, hay sobre todo la necesidad y la urgencia de intervenir en el seno de éste para permitirle ir lo más lejos posible lo que no ha de discutirse en el seno de las organizaciones sindicales y políticas anticapitalistas. Y, cualquiera que sea su salida, este movimiento habrá revelado la existencia de un inmenso campo de capas populares que debe constituir una auténtica tierra de misión para esas organizaciones en los meses y años venideros. Sin ello, no habrá que sorprenderse y quejarse por ver a esas capas populares ceder aún un poco más a los cantos de sirena de la extrema derecha que sabrán, por su parte, atizar el resentimiento y sembrar la xenofobia y el racismo y favorecer con ello el repliegue identitario.
Sociologo, especialista del movimiento obrero y socialista, miembro del laboratorio de sociología y antropología de la Universidad del Franco Condado, Francia. Cofundador de la revista A Contre Courant.
Fuente:

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article47035
Traducción:

Ramón Sánchez Tabarés

Saturday, December 08, 2018

López Obrador firma un decreto presidencial para esclarecer el caso Ayotzinapa | Periodistas en Español

López Obrador firma un decreto presidencial para esclarecer el caso Ayotzinapa | Periodistas en Español





Recién tomada posesión de las riendas del país, Andrés M. López Obrador firmó un decreto presidencial que ordena a las dependencias del Ejecutivo federal a tener una amplia colaboración con la investigación, porque “es un asunto de Estado dar con la verdad” de lo que pasó en la desaparición de los 43 estudiantes secuestrados hace cuatro años en Ayotzinapa, afirmó el presidente.
Ayotzinapa AMLO investiga
“Todo el gobierno va a ayudar en este propósito y les aseguro que no habrá impunidad, ni en este caso tan triste, doloroso, ni en ningún otro”, aseguró AMLO.
El decreto ordena la creación en treinta días hábiles de una Comisión Presidencial –coordinada por el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas– que proveerá a los familiares de las víctimas, como coadyuvantes en la investigación, de todas las facilidades y apoyos institucionales que requieran para el esclarecimiento de los hechos. Estará compuesta por familiares de los normalistas, sus representantes, y por funcionarios de las secretarías de Gobernación, Relaciones Exteriores y Hacienda, además de expertos profesionales y técnicos.
El titular del Poder Ejecutivo señala en el decreto, que ya ha entrado en vigor tras su publicación en el Diario Oficial, que toda la administración pública federal deberá facilitar el ejercicio del derecho a la verdad de las familias; específicamente, Encinas deberá proceder a las vinculaciones necesarias con las dependencias y con el aparato de justicia para la buena marcha de la comisión.
Además, indica que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público se encargará de lo relativo a los recursos necesarios para el funcionamiento “sin obstáculos” de la comisión; mientras que la Secretaría de Relaciones Exteriores se encargará de formalizar los convenios necesarios con instancias como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a efectos de que se intensifique la cooperación internacional en el caso.
El Presidente de la República aclaró que la comisión que incluye el decreto no es la Comisión de Investigación para la Verdad y la Justicia que ordenó el Tribunal Colegiado de Reynosa, Tamaulipas, en junio de 2018. Esta de ahora deberá ser creada por la nueva Fiscalía General de la República –como ente autónomo– o, en su defecto, por la actual Procuraduría General de la República. Sin embargo, el decreto sí instruye a la Secretaría de Gobernación que genere los convenios y procesos de trabajo con la Fiscalía a efecto de asegurar su creación.
Además, al ordenar a todos los organismos y dependencias a facilitar información que pueda contribuir al esclarecimiento de los hechos, el decreto recuerda que la información relacionada con graves violaciones a los derechos humanos no puede ser reservada e instruye a que se implementen medidas de protección y beneficios para las personas que ofrezcan información relevante.
Para las familias de los 43 normalistas desaparecidos, la emisión del decreto representa una nueva etapa de esperanza en la que, dicen, “se irá construyendo la confianza”

Wednesday, December 05, 2018

Política do abatimento, retorno da raiva

Política do abatimento, retorno da raiva | Ollaparo. O universal é o local sen muros



2018 at 11:22

Política do abatimento, retorno da raiva

por 

"Não se pode comer um bolo sem o perder." 
Na esfera baixa da política,
como no íntimo recinto das almas — o mesmo mal"
Livro do Desassossego de Bernardo Soares.Fernando Pessoa
“a única maneira de salvar aquilo que hai de bon na tradición liberal 
será na base dunha política mais radical de esquerda”
Slavoj Žižek
Contrariamente á suposición de Daniel Innerarity, a  actual “degradación da democracia” non deriva da “banalización da vida política que acaba por desequilibrar todo o conxunto”. Con certeza, non hai un triángulo virtuoso que atinxa por igual cidadás, políticos e medios de comunicación. Non é que os cidadás nos exoneremos da degradación democrática, mas a crenza que as democracias liberais nos libertan, de brazo dado da promesa dixital, de calquera responsabilidade unha vez emitido o voto ou o “Like”. Non é tanto degradación como de simplificación e deslocamento, canto unha negación en orixe da complexidade da política que derivou na mecánica eleitoral pobre en decisións e pobre en relacións de comunicación directa entre as persoas en termos de espazos autónomos e democracia directa. Portanto, a exoneración vén de orixe, na cesura do vincallo representativo. Non se trata apenas dun déficit de recoñecimento dos cidadás abocados a un proceso abusivo de desocialización. O malestar contemporáneo ten fondas raiceiras. Pertence ao cerne do seu próprio ser, a “degradación” non é máis cá unha “perversión” inscrita neste próprio Orden.  Cando o que é político muta en xurídico, cando a localización do poder no “pobo” do que emanan os poderes  se proxecta, por exemplo, nun Estatuto de Autonomía, para acabar reducido a unha operación política sen control xurisdicional, é dicir, cando o principio de lexitimidade esvaece tensionado entre a negociación instrumental da  comisión constitucional do Congreso, unha delegación do parlamento da “nacionalidade” que proxecta a “formulación definitiva” do Estatuto pasando despois a unha dupla negociación de ratificación: a cinguida ao eleitorado da “nacionalidade” por referendo e outra a todos os cidadás do Estado a través dun  “voto de ratificación” dos plenos do Congreso e do Senado. Eis a degradación. Visibel, tamén, no proceso de pervetida proxección  da Comisión Europea.
A deterioración non deriva apenas de que o cidadá non saiba canlear a súa fúria ou peneirar o alude propagandístico nas redes sociais. A hiperactividade dixital é contraria a todo o que precisa de tempo. Mas a democracia precisa tempo. Sen dúbida, vivimos nunha “sociedade do cansazo”(Byung-Chul Han) inzada de superinformación que nos abafa nos medios sociais até produciren dificuldade de atención, isolamento e até depresión. Porén, malia a sintomatoloxía da fatiga, a dificultade para debullarmos onde comeza a liberdade e onde a dominación non deriva da queda da promesa dixital, como se esa euforia fose aproximar algures cidadás e elites, explotadores e explotados, mandatarios e mandados. A euforia dixital globalizadora non é máis do que unha miraxe de recoñecimento que aumentou o déficit de desocialización e localización cidadá. A súa eficiencia deriva do automatismo do costume. Así,o impacto da propaganda inoculada nas redes é proporcional a ausencia de poder dos utentes.  No entanto, cómpre non pór a proba de cargo da irracionalidade do lado do cidadá isolado, do eleitor ou do consumidor. Facelo sería como aceitar que só hai racionalidade nas elites políticias, en Movistar, na Comisión Europea ou no FMI.
Para alén dos elementos positivos do liberalismo clásico ( liberdades humanas, dereitos das mulleres e LGBT,etc.) a democracia liberal foise reducindo cada vez máis ao momento eleitoral, intensidade democrática á baixa, co capitalismo globalmente articulado a abortar calquer correlación de forzas entre as clases que permita a experiencia política fundamental. De aí a tentación de simplificación própria da tecnocracia e do populismo que acaban por prescindir da lexitimidade popular, entre o dogmatismo do experto e  dos que simplesmente teñen opinións.
A incapacidade actual de orientar a ira de forma produtiva, desde abaixo e sen o fascinio da via eleitoral baseada no liderado, tornouse particularmente evidente mais unha vez. A baixa participación, que caeu catro puntos en relación ao 2015 nas recentes eleicións andaluzas, sobretodo nos territorios de hexemonía socialista, explica mais cousas ca simples des-afección. Até onde sei, o establishment e Susana Díaz (Psoe) aceitou mergullarse na lameira de VOX, asumindo a interlocución co discurso do medo e alargando así a súa resonancia co alvo de socavar as opcións eleitorais do PP. No trasfondo de todo, unha Junta do PSOE andalús onde lucen a corrupción (EREgate) e as cifras de desemprego ( 22,85% ). Podemos obviar, ainda, a baixa taxa de participación que prevalece por toda parte, entre os estudantes nas institucións de goberno das universidades, entre pais e nais nas escolas e institutos, mesmo nas comunidades de veciños? Sempre haberá un problema de vontade- ainda que non sexa das súas exacerbacións históricas especificas. 
Mas non é certo que Psoe e tutti quanti enviaran a mensaxe de validación, de que se podia votar a extrema dereita,?  Non romperan ese límite consensual que levaba a afirmar que non había extrema dereita en España? Cando todo é “facha”, nada é facha. A visibilidade oportunista dada a VOX en todos os meios- de esquerda a  dereita- por motivos estratéxicos tivo o seu efecto: xa temos na mesa a fachada orixinal marcando o paso. Unha oferta explícitamente homófoba e xenófoba que reflicte a manada realmente existente.Desde xa, a axenda política a marca a dereita extrema, até o de agora integrada no PP. O feito que unha parte do seu eleitorado proceda do Psoe ratifica que Franco morreu na cama, que a democracia española non a trouxo un acontecimento revolucionario. Afinal, centenas de millares de eleitores da Frente Francesa dos anos 80 e 90 viñan diretamente do eleitorado do PCF.
El Ejido desde un satélite da NASA
VOX, sumou en Andalusia 32.407 votos, un 1,21 %, a pouco de gañar un escano europeo en 2014. En 2016, nas xerais, o rexistro de VOX, foi  de 8.341 voltos na Andalucía, un 0,2%. Portanto, como é posible multiplicar estas cifra por 50? Explica ese medre que Andalucia tiver a crise inmigratoria, aumento da inseguridade cidadá ou un debalo  economico e social comparabel ao de Grecia? Na campaña non se falou para nada destes temas. A discusión alicerzou na axitación en chave españolista  (na aplicación permanente do 155, expulsar da Moncloa a Sánchez, o “ilexítimo presidente aliado dos golpistas”, o traidor cómplice dos separatistas, invocaronse privilexios e indultos inexistentes, competiuse sobre a severidade das condenas aos acusados polo 1-O, competiran a ver quen máis defendía a unidade de España e mesmo a liquidación das autonomías, pasando da defensa á “Reconquista de España”. Andalucía esvaeceu nas suas propia eleicións autonómicas. É cousa gravitatoria que con esta caste de discurso a ultra-dereita madureza e caia da árbore. 
Este exemplo ilustra que actualmente hai poucas organizacións políticas que teñan o poder ou mesmo a intencion de facer uso productivo da carraxe. O maistream existente propagou unha política de medo e non de dignidade. A ira como expresión  dun desexo moral de recoñecimento, ben como a loita contra as inxustizas e non como explosión plebiscitaria de zuna contra o outro. En vez diso, o discurso que non construe, o do “A por ellos!” e da “Reconquista” condensa a indixencia da experiencia política alicerzada na raiva con resentimento. A mensaxe da campaña eleitoral andaluza entullou vieiros para se engaxar en promesas politicamente promisoras, aproveitando a ira para fins desexábeis. Por un lado, a “esquerda” mainstream desenvolvendo políticas de austeridade (ao  tempo que asume a pauta progresista e multiculturalista) e, por outro, a “dereita populista”  revoltándose contra medidas antiausteridade (e o discurso da xenofobia e do nacional populismo de dereita ). O caso mais flagrante o temos na  Polonia onde un goberno ultra católico, desenvolveu medidas que nengunha social-democracia na Europa  fixo, como é reducir a idade de xubilación, elevar a providencia, mellorar a saúde pública e ampliar o apoio financeiro aos estudantes. Eis o paradoxo europeo: esvaece a social-democracia tradicional e aparece un antagonismo entre o mainstream liberal de esquerda ( neoliberal en termos económicos mas socialmente a favor de dereitos das mulleores,  LGBT, minorias…) e o nacional populismo de dereita. Mas nesa política non hai reconciliación nen hospitalidade, apenas é un reacción nacional populista que, por outra parte, expulsa o distinto,  allea a calquer internacionalismo civilizatorio.
E ainda hai quen se pregunte cómo é posibel que aumente a degradación, esa distancia, a paseniña indiferencia perante as eleicións e a expansión do deserto?. Mas non é esta insuficiencia de lexitimidade que está no cerne da representación a que foi gañando espazo entre unha cidadania con baixa tolerancia ao fastio e unha elites que descrubriran o risco de as persoas o poidan decidir todo e non apenas a modalidade de consumo? E non haberá  unha “inversión” no  Estado liberal-democrático, un conflito no seo da totalidade, unha disonancia no próprio cerne da orixe que impide locar a política a certa distancia do Estado ao xeito do vincallo social da auténtica democracia reivindicada polo xoven Marx? A política non é un negócio de cima para baixo, mas opera realmente así após décadas de partido-rexime, sendo ela mesma a  vítima dunha miraxe terribel. Aquí lembremos Joseph Proudhon cando dí “hai outro campo incomparabelmente mais vasto, en que o noso destino é elaborado”. 
Como crear intersticios ao xeito Simon Critchley (os espazos de pluralismo agonístico de Mouffe) por onde colar “demandas infinitas” lonxe do individualismo, espazos onde nos comportamos mútuamente, de forma cooperativa e con base na confianza? Non só a lei dos estados, a burocracia e o resto capitalista que impede iso, mas un pesimismo antropolóxico, unha certa idea de culpa ou carencia orixinaria, que abre a porta a todas as formas de autoritarismo, como forma de retificar esa deficiencia através das institucións da igrexa ao estado-nación, do partido-rexime ao sindicato-corporación. 
Porén, na globalización neoliberal guiada polo ideal do homo oeconomicus  non hai intersticio que valla a pena agás como limitada forma de conciencia ética que o estado-liberal se permite entanto baleira de exixencias precisas e finitas, tal como Zizek nos lembra debemos formular. Porque a pedagoxía da democracia precisa acuidade, agudeza do ollar, mas tamén concretude e internacionalización. Para acautelar o significativo: todo o que non ten voz e non é representado, o que circula latente e non sabemos ver e que só se torna subversivo no pedido importuno e localmente determinado, na exixencia ben balizada. Fitemos, por exemplo, a tremenda contradición de El Ejido, único concello andalús  onde  gaña VOX co 29,51 % e consigue sela terceira fuerza política na provincia de Almería co 16,78 % dos votos  e 400 mil votos en Andalucia. A ultra-dereita gaña onde hai máis emigración. O “mar de plástico” de El Ejido produce máis hortalizas que toda Alemaña, a emigración é unha grande vantaxe para alargar a súa riqueza, porén vén de votar unha forza xenófoba. Un modelo de agricultura productivista levado ao extremo , que após décadas de crecimiento récord, mostra os seus límites. Claro síntoma do desaxuste que produce un grande aumento da renda baseado nos salarios de miseria, carencias formativas (PISA) e  falta de estructuras de integración. A dominación é anónima (eís a proeza do capital ao ter convencido mesmo a aqueles que máis priva, segundo Michel Surya) porén redefine as súas condicións nesa modalidade política alicerzada no establecimento de un conflito cun determinado enimigo, o elo máis feble da cadea. Porén  a perda de renda e a disminución do 43% nos prezos en orixe dos productos da horta non se debe á man de obra barata que fornecen os emigrantes en condicións do s.XIX, mas as turbulencias dun mercado globalizado. As fallas do capitalismo especulativo non parecen ser fallas de alguén, podendo ser alguén máis. Mesmo que algúns políticos e banqueiros foran condenados, a fúria improductiva apontou a alguén máis: o emigrante, a feminista, o homosexual, o catalá…A forma pola cal Rivera e Casado asumindo aos demagogos populistas de dereita foran capaces de mobilizar esa eterna acusación contra as outras nacións do estado, de que os “separistas” serian os representantes da corrupción, que eles serian parte dun Estado das Autonomías non transparente, corrupto e por aí vai… 
Quizais precisamos reconsiderarmos a suposición diretora do liberalismo que os indivíduos son os principais axentes políticos e portadores de dereitos. Mas a dos grupos. Platón, Marx e Sloterdijk xa apontaran que as persoas non queren apenas sua própria  dignidade recoñecida, mas tamén desexo o recoñecimento de suas várias afiliacións de grupo. Se un grupo está a ser  sentindo que seu valor é menos recoñecido  do que  acha que merece, encontrará maneiras e meios de se facer ouvir. Sloterdijk ,por exemplo, se recusa a abordar grupos como se fosen indivíduos con certos desexos  e programas de acción. Pola contra,  grupos e sua organización dentro de partidos funcionan como institucións financeiras en que as emocións están sendo adquiridas, armacenadas, negociadas e, de tempos en tempos, liberadas. Sloterdijk usa as alegorias do “banco mundial da raiva”, “monopólio de thymos” e  “dividendo timótico” («thymós», o carácter, a alma cálida, emocional e vigorosa de racieira social na medida que se mostra e valida perante a comunidade) para caracterizar a acumulación e dispersión de  raiva. Sob as condicións do capitalismo, as transacións dinámicas do gaño caracterizan formas de vida eroticamente carregadas en que a compensación excesiva para todos é prometida sen ser realizábel. A promesa de supercompensación substitue a tradicional promesa de ser adecuadamente recompensada polo esforzo. Aqueles excluídos dos benefícios da promesa de sobrecompensación e aqueles sen sorte na lotaria permanente do capitalismo especulativo forman un exército cada vez mais perigoso de zangados e frustrados. No entanto, a nivel político, tornouse cada vez mais difícil se inscreber, ou até mesmo imaxinar, proxectos de raiva de largo alcance após desaparecimento de grandes narrativas, incluindo seus grandes chivos expiatórios, quer  capitalistas, comunistas, xudeus ou musulmans.
O dividendo timótico sería o depósito do malestar en “bancos de ira” (Sloterdijk) cando non se canaliza para unha loita política produtiva dando lugar á antipolítica: cando aumenta a percepción de que o pobo non é quen máis ordena, reprodúcense os millor adaptados ás condicións do deserto, os movimentos totalitarios (H.Arendt). Mas carecemos de prácticas localizadas e unha confianza no aprendizado a longo prazo nas condicións do deserto. Procesos que só se poden acadar no curto prazo se son concretizados de xeito preciso. Caso contrario, ficaremos ao abeiro do mapa e do manual de uso, de quen dita porque tén máis poder, para apenas formular quer “exixencias infinitas” quer “respostas sinxelas”  pronto a seren aceitas e asimiladas porque as partes saben non serán satisteitas. Para  logo debruzarmos na soleira da historia a agardar o “momento adecuado ” da mudanza que nunca virá, como dicía Rosa Luxemburgo. Na pedagoxía da democracia directa aniña a da mudanza, creando as condicións da sua posibilidade. O está a fallar é a politica como vincallo  de existencia plural, non na miraxe dunha promesa dixital  que non posue a palabra malia presentarse con atributos emancipadores, que sirve de escapismo  perante a isonomia: a vella arela grega de termos dereito á actividade política nun espazo, ao cabo, que só se torna espazo público cando axir e falar non están escindidos.
Nun mundo guiado polo ideal do homo oeconomicus se perdes o traballo, perdes o recoñecimento como traballador; se perdes ese recoñecimento perde a dignidade, e se perder sua dignidade, perderá o sentido pròprio. Debaixo das condicions de fracaso económico do capitalismo está o fracaso moral. As violacións de honra e dignidade constituen un arsenal politicamente explosivo.No entanto, este arsenal tamén pode ser un meio progresivo de transformación. Actualmente, os partidos mainstream apenas administran  orzamentos esgotados e ameazan os cidadáns co fantasma de seren terceirizados debido à competición dun mercado globalizado no  que a forza de traballo e o capital son libremente negociados. 
Por último, mas non menos importante, poder decidir sobre todas as cousas non é o mesmo a resposta impulsiva que as redes sociais prometen. É unha miraxe de liberdade, que dispersa até o esgotamento, porque no seu espazo pobre en decisións cresce a despolitización, xa que podendo decidir sobre moitas cousas o que realmente importa fica á marxe, non é debatido e non se define, considérase sagrado:  o estado do ben-estar como afinco exclusivo do capitalismo, a dimensión perversa do campechanismo, o estado patrimonialista e represivo,… E as numerosas razóns para a raiva. A simples concorrencia formal de diferentes opcións ideolóxicas sendo desexabel, de seu non vivifica  a democracia cando esas opcións incluen un ermo cada vez maior entre os ricos e os pobres, novas formas de exclusión e subordinación social, sentimentos xeneralizados de impotencia social e política, ben como os danos irreparábeis ​​que xa foran causados ​​ao ecosistema global. Para que a fúria fose libre de xenreira, os movimentos sociais que non alicerzan na xenreira precisarian dispor unha visión utópica, unha visión dun mundo en que haberia causas menos sistémicas para padecer inxustiza.
Así escribía Fernando Pessoa,  “nascemos já em plena angústia metafísica, em plena angústia moral, em pleno desassossego político”. Deste xeito, acrescenta Pessoa por voz do Bernardo Soares: “Uma sociedade assim indisciplinada nos seus fundamentos culturais não podia, evidentemente, ser senão vítima, na política, dessa indisciplina; e assim foi que acordámos para um mundo ávido de novidades sociais, e com alegria ia à conquista de uma liberdade que não sabia o que era, de um progresso que nunca definira”. Un cético mas visionario Pessoa enxergaba a democracia moderna como “”uma vida social feita dos elementos secundários da actividade”, quer dicer, cando  só se atenden as necesidades elementares da vida e a maxima do sentido común (“non hai que facer, non hai alternativa”).  Precisamos máis educación e máis concretude na esquerda. De modo que quen sauda a democracia desde a falta de valores democráticos, quer falando en termos de “reconquista”, quer desde o machismo, a  homofobia e o racismo non acabe gallopando sobre as nosa testa. O que poderiamos reformular arestora segundo a fórmula platónica vivificada por Hannah Arendt segundo a cal se non somos quen de formular preguntas fundamentais que non teñen resposta, difilcimente poderemos formular calquer pregunta daquelas que teñen resposta. Trátase de colocar preguntas fundamentais perante a claudicación que dita que o neoliberalismo é o punto final da Ilustración.
O nacional populismo de dereitas non caeu do ceo. É o vieiro do neoliberalismo ao autoritarismo cando o “banco de raiva” é abandonado sen concesións que muden os desequilibrios sociais. É o fracaso da “esquerda falsaria” (Rafael Cid), do establishment liberal de esquerda que abriu as portas para o xurdimento de VOX e figuras como Casado, Rivera e Abascal (a radicacilización do discurso aznarista que sempre estivo aí). 
Eis a política do abatimento, a grande decepción. Ese pacto debalou coa xudicialización do Procés catalá cando ese establishment esqueceu que mesmo a democracia multipartidaria baseada en partidos funcionaba apenas por pacto. Un consenso en ruinas que a situación propicia do Procés a nova esquerda española non aproveitou para facer algo e propor un novo pacto social abaixo-acima. Convén, portanto, non confundir o síntoma coa causa: o xurdimento da dereita populista non se combate con populismo de esquerda, mas recuperar o seu fólego internacionalsita para facer fronte ao capitalismo global e os novos populismos de dereita.