Sunday, November 10, 2013

Contra la pared, hijos de puta

Contra la pared, hijos de puta | Madriz



“Eran gente muy desagradable: barbudos, gordos, airados, beligerantes, feos, perdedores y duros”. Así describía Wayne Kramer, guitarrista de los MC5, a los Up against the wall, Motherfuckers, un grupo de afinidad anarquista, surgido en el idealista e incendiario Nueva York de los sesenta bajo el impulso de Ben Morea. El nombre está sacado de una pieza del poeta negro Leroi Jones, y describe lo que la policía le dice a los negros cuando los detiene: “contra la pared, hijos de puta”.   Esta banda anarcoide brotó al calor de la revista Black Mask, en la que se unía política radical y arte, concretamente influencias de movimientos como el dadaísmo y el surrealismo. Y ahora se acaba estrenar un documental sobre el asunto, realizado por Samuel M. Delgado, Marcos Flórez y José Luis Maire, en el que se escucha la voz de Morea, grabada en un encuentro que tuvo lugar en la combativa librería Enclave de Libros (c/ Relatores, 16) el año pasado, sobre un montaje de imágenes de la época. Ahí se ve a los Motherfuckers, montando jaleo, con sus pintas raras, sus fiestas alucinadas y sus eslóganes cuasiterroristas. Con el nombre de la banda pintado en la espalda de la chupa de cuero.   “Las organizaciones políticas nos odiaban”, cuenta Morea en el docu, “y los hippies nos tenían miedo. Nosotros éramos otra cosa. Fuimos las únicas personas en el mundo en traspasar las puertas del Pentágono y enfrentarnos a las tropas. Cortamos todas verjas de Woodstock para que la gente pudiera entrar gratis al festival. Pero la gente política decía: qué me importa Woodstock, y los hippies decían: que me importa el Pentágono”. Así, yendo por libre, sin casarse con nadie, enemigos de todos, surgieron en el barrio neoyorquino de Lower East Side, donde entre los años 66 y el 68 publicaron el Black Mask, que vendían por las calles a cinco centavos (curiosamente este barrio era víctima de un brutal proceso de gentrificación como se cuenta en un libro recién reeditado, La nueva frontera urbana, de Neil Smith, un clásico cobre el tema que rescata el colectivo editorial Traficantes de Sueños). “No podíamos ser parte de la generación del amor”, decían, “sino de la del amor armado”. - See more at: http://www.madriz.com/contra-la-pared-hijos-de-puta/#sthash.4g0rvPpd.dpuf


Una de sus primeras acciones de este grupúsculo artístico-anarco fue el cierre del Museo de Arte Moderno de Nueva York, el MoMA. Los Motherfuckers pensaban que el arte tenía que ser un ente vivo y dinámico, libérrimo, pero “los museos no eran un ente vivo, eran un almacén”, según Morea. Así que anunciaron sus planes con antelación y no hubo que cerrar el Museo: se cerró él solito, por miedo a lo que estos hijos de puta pudieran hacer. Los Motherfuckers solían reventar exposiciones, galerías y conferencias, iban bastante a saco. En una ocasión tras irrumpir repetidas veces en las clases de la Universidad de Nueva York, varios académicos retaron a Morea a un debate. Morea aceptó el reto, pero los Motherfuckers repartieron un montón de panfletos a los borrachos y vagabundos de la zona de Bowery, diciendo que en el encuentro habría alcohol y comida gratis. Así que, ante la estupefacción de los profesores universitarios, el debate se saturó de aquella “gentuza” sucia y callejera en busca de fiesta y buen jaleo. Fueron tantos que fue preciso cerrar las calles de los alrededores.   “Muchos grupos políticos tenían estrategias y planes grandilocuentes, pero para nosotros las acciones eran solo una forma de expresarnos y de ver cómo podíamos golpear a la sociedad”, cuenta Morea, esta vez en el libro Motherfuckers, de los veranos del amor al amor armado, que les dedicó la editorial La Felguera en 2009, y en el que se encuentran todos los números de Black Mask, una entrevista con Morea y un ensayo del intrépido escritor, especialista estos asuntos, Servando Rocha, entre otras cosas. Así actuaban los Motherfuckers, no hacían grandes reuniones ni asambleas, todo lo decidían sobre la marcha en pequeños encuentros improvisados a los que solo asistían los amigos de confianza. Porque eran eso, un grupo de amigos, “una banda callejera con análisis”, como decían.   - See more at: http://www.madriz.com/contra-la-pared-hijos-de-puta/#sthash.4g0rvPpd.dpuf




Eran los agitados tiempos de los movimientos contra la guerra de Vietnam, del protopunk, de la revuelta planetaria, y los Motherfuckers convivían en EE UU con otros grupos de acción como los Panteras Negras, los Diggers de San Francisco o la Weather Underground, que durante varios años colocó bombas en edificios oficiales (hasta en el Capitolio o en el Pentágono) con el iluso afán de encender la mecha de la Revolución mundial en el vientre de la bestia. Dicen que, entonces, parecía posible.   En aquel caldo de cultivo sedicioso ocurrió la okupación de la Universidad de Columbia, curiosamente, una de las más elitistas, las que forman la Ivy League en la Costa Este, junto con Harvard, Yale, etc.  Entonces se tomaron cinco edificios del campus: uno por los liberales (en el sentido estadounidense: progresistas), otro por los estalinistas, otro por los colectivos estudiantiles, otro por los negros, y otros por los Motherfuckers. “La policía atacó los edificios okupados y consiguió desalojar cuatro de ellos”, cuenta Morea con indisimulado orgullo, “solo quedó uno que no pudieron desalojar. El nuestro”. Fue entonces cuando la activista feminista radical Valerie Solanas, que andaba por allí y le preguntó a Morea que pasaría si disparase a alguien: “Depende de dos cosas: de a quien dispares y si lo matas o no”, contestó Morea. Una semana después Valerie Solanas disparó tras veces a Andy Warhol en la Factory. La mandaron al manicomio. La película I Shot Andy Warhol, dirigida por Mary Harron en 1966, relata la vida de Solanas.   Hubo otros disparos en la historia de los Motherfuckers: el “asesinato” del poeta Ken Koch. “Koch era un símbolo para nosotros del mundo totalmente burgués y dandy”, explica Morea en el libro. Así que se les ocurrió dispararle, pero con una pistola de mentira. “Elegimos a Alan Van Newkirk, que tenía toda la pinta de ser el típico anarquista que ponía bombas. Medía casi dos metros, cara alargada y demacrada  y siempre vestía de negro, vamos, que era la encarnación del clásico anarquista”. En un recital, Van Newkirk, disparó (de mentira) al poeta burgués, Koch se desmayó, el público pensó que había muerto y se montó un buen caos. Otro de los lemas Motherfuckers era “si tu Revolución no tiene poesía es que no es Revolución”.   Tras el fin de los Motherfuckers, según relata Servando Rocha, “el rastro de Morea se perdió en las montañas de Sangre de Cristo, entre la leyenda y también ante su parte de verdad. Lo cierto es que estuvo cinco años en compañía de su mujer, vagando de sitio en sitio, y siempre montado a caballo, dedicándose a la caza furtiva y al comercio ilegal con caballos, enfermando, malviviendo y huyendo de la policía, para luego trabajar como maderero”. Reapareció más de 30 años después, y concedió entrevistas, como el pasado encuentro de Madrid.   - See more at: http://www.madriz.com/contra-la-pared-hijos-de-puta/#sthash.4g0rvPpd.dpuf




Los aires revolucionarios de los 60 hace tiempo que pasaron. Ahora vivimos en una nueva encrucijada con nuevos retos y nuevas tácticas: tal vez, visto desde ahora, todo este se vea un poco extemporáneo, ingenuo, radical o soñador. En aquella época la propia palabra hijo de puta era un escándalo. No en vano, los MC5, citados al principio, crearon gran revuelo con aquella canción suya que empezaba “Kick out the jams, motherfuckers…” y también cuando imprimieron la palabra de marras en la funda de su L.P. Pero es que entonces no se imprimían estas cosas. Dijo Morea en el encuentro del año pasado, en Enclave de Libros, que no es necesario que los jóvenes de ahora repitan lo que los Motherfuckers y sus contemporáneos hicieron, que hay que buscar cosas nuevas. Sin embargo, hay una acción de las suyas que podría ser completamente contemporánea: cuando enmascarados con sus pasamontañas negras y portando calaveras fueron al centro financiero de Nueva York con aquella pancarta: “Wall Street is War Street”. - See more at: http://www.madriz.com/contra-la-pared-hijos-de-puta/#sthash.4g0rvPpd.dpuf


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